De
la crítica en tiempos de revolución y los estigmas sobre la sexualidad
Recientemente se hizo público
un artículo donde exprese mi firme e irrevocable opinión en torno a lo que no
dejare de tildar no menos que de bochornosas y homofóbicas las expresiones del
diputado Pedro Carreño en la última sesión de la Asamblea Nacional. Ese
artículo destaca no solo ese aspecto por igual interrogaba sobre el papel de
CONATEL y el SIBCI en torno a una intervención que fue transmitida en vivo y
directo en el horario todo usuario y al respecto, “sin comentarios”. El precitado artículo, verbigracia, ha generado
una suerte de comentarios en las redes sociales e incluso “publicaciones” en
medios y páginas evidentemente opositoras; algo así como que “pesquemos en rio revuelto”. En lo
personal me ha tocado recibir críticas de rechazo sin mayor contenido
argumentativo o ideológico tanto de seguidores de la derecha como de camaradas
afectos al proceso revolucionario, y, debo reconocer, que muchas también de
compartida opinión desde ambas posiciones. Pero el centro del debate no solo es
la actitud y opiniones discriminatorias hacia la sexo diversidad de funcionarios
o no de las filas de la revolución, también lo es el nivel de debate de los
voceros electos por elección popular, la censura y criminalización de la
crítica y autocrítica y la descalificación como salida fácil ante las opiniones
que no nos son afectas o compatibles ideológicamente. El no reconocer que se ha
errado, el insistir con soberbia en el uso de lenguajes discriminatorios a un
amplio sector de la población que son tan camaradas, tan compatriotas, tan
ciudadanos y ciudadanas como cada uno y una de nosotras es una postura estratégica
y políticamente equivocada y que
solo abre espacio para la persecución o rechazo de quienes tan sencillo es que “no
piensan o actúan como nosotros” sin obviar que el tema de las preferencias
sexuales es de todo en más “personalísimo”.
El debate que se suponía se daba ese día en la A.N era el combate contra la
corrupción y resultó que el denunciante distrajo con su conducta la atención
del hecho en comento y levanta otro, que aunque necesario en una sociedad en
transformación revolucionaria, no era la circunstancia en la que se debía y se
debe dar el mismo. La lucha contra la corrupción no puede ni debe distinguir
color, ideología, credos o tendencias sexuales, eso se supone, está claro. Pero
si teniendo evidencias para imputar a un corrupto de la fila que proceda, en
lugar de argumentar, lo que se hace es descalificar, atropellar con peyorativos,
pues creo, ese es un flaco servicio al corrupto que se menciona ya que de
victimario lo convierten en víctima. En cuanto a la crítica esta es necesaria, “bienvenida la crítica, no le temamos a la
crítica” dijo en una ocasión el Comandante Chávez. La crítica en revolución
es imprescindible y si no lo entendemos y aceptamos así pues estamos lejos de
construir conciencia y acción revolucionaria. En cuanto a los medios, redes
sociales e individualidades de la derecha que hoy retwitean y/o publican mi
opinión les agradezco la inmerecida publicidad ello evidencia que están
reflexionando y comienzan a comprender que la
militancia revolucionaria no está alienada ni sujeta a ser “focas” como
ustedes nos han tipificado, por tanto,
no se equivoquen, expresar nuestras diferencias, debatir la praxis
revolucionaria es parte de este proceso en construcción y necesario para el avance
e impedir el retroceso. A los y las Camaradas que eligen la salida fácil y
lejos del análisis del discurso y la coyuntura política descalifican la crítica y me mencionan como “salta
talanquera” o recurren al lugar común “no es el momento”: Vamos! Al debate de ideas, la formación ideológica a la
construcción y ejercicio de la ética
socialista; con la necesaria “Irreverencia
en la discusión, pero lealtad en la acción”.
María del Rosario Rodríguez
Sosa
@marirosi4
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